Me gustaría comenzar la historia con uno de los recuerdos que más me han influenciado en mis días presentes, un recuerdo del pasado, de cuando era niño.
De pequeño...
Siempre me considere como cualquier otro niño, alegre, juguetón, despreocupado y lleno de vida. Aunque he de confesar que verdaderamente creía que yo era "diferente", como si tuviera algún tipo de superpoderes muy dentro de mí que aún no había descubierto pero que se revelarían en su momento.
Así mismo, todo esto me llevó a creer con el tiempo (y con los años en que no se manifestaban estos 'superpoderes') que definitivamente había venido al mundo con una misión. Me negaba rotundamente a creer que era como el resto de ovejas que caminaban en el mundo sin rumbo alguno, solo pastando... NO! yo definitivamente tenía que haber venido a este mundo con una misión, algo muy especial.
En el presente...
Ya de grande, muy cerca de mis 30s, que ya les contaré en otra edición por qué considero que está es la mitad de nuestras vidas y del por qué al llegar a esa edad, hay que detener la marcha, respirar profundo y analizar que es lo que hemos logrado hasta dicha etapa.
La visión, el pensamiento que había nacido en mi cuando era muy pequeño, y que florecía fuertemente como un girasol en verano, poco a poco fue lavando su magia con el paso del tiempo, hasta desaparecer en el olvido.

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